domingo, 14 de septiembre de 2014

                                        Fotografía de Lorenzo Silva


Volvamos a la armonía,
a recuperar la ilusión
por las cosas perdidas,
al sentido común.

Volvamos a celebrar fiestas
alegremente
(sin banderas),
fiestas que sean solo
una celebración.

Volvamos a ver la cara al instante,
ver el instante y conocerlo:
«hola, soy yo,
he vuelto a nacer,
mi tierra ha dejado
de estar enferma».

Quizá no siempre
hemos tenido
bien presente
lo que nos pasa.

Suerte que los recuerdos
mueren rápido
(sobre todo los malos);
volvamos a la armonía.
Ella se lo lleva todo.

————

Retornem a l'harmonia,
a retrobar la il·lusió
per les coses perdudes,
al seny.

Tornem a gaudir de les festes
alegrement
(sense banderes),
festes que siguin només
una celebració.

Retornem a l'instant,
veure l'instant i saber com és:
«hola, sóc jo,
he tornat a néixer,
la meva terra
ja no està malalta».


Potser no sempre
hem tingut
present
això que ens passa.

Sort que els records
no viuen gaire
(sobretot els indòcils);

retornem a l'harmonia.
Ella s' ho enduu tot.

sábado, 13 de septiembre de 2014

                                            Fotografía Lorenzo Silva

Si hubiera un trozo de mar sin mancha.
Un trozo de mar limpio,
una luz maciza, una caracola blanca.
Si hubiera una facilidad
hacia lo divino,
lo hermoso,
lo bello.
Si no tuviéramos tantos bordes.
Si hubiera un trozo de mar sin furia,
un trozo de mar
donde mis costados no se desgarren.

Si hubiera un trozo de mar en ti.

miércoles, 27 de agosto de 2014

Barcelona




Mi ciudad herida por mil aguaceros,
mi ciudad de cristal innumerable,
idéntica y distinta a la de siempre,
mujer y pájaro,
sigue buscando los restos
de la novena embarcación.

Mi ciudad que nunca me quiso,
mi ciudad que me despreció
por mis raíces,
las cosas de siempre siguen mal gobernadas,
las cosas de siempre no cambian.

Hija de la periferia,
de madre catalana y padre andaluz,
mi ciudad quiso marcarme
con la etiqueta de «charnega».

He amado cada rincón de mi ciudad,
sin esperar nunca
ser correspondida;
como un novio orgulloso y de clase alta
Barcelona me rechazó,
porque la burguesía catalana
(aceptémoslo ya)
es muy clasista.
Acaso como todas las burguesías.

Indiscutiblemente mi ciudad
no es para vivir en ella.
He aprendido a mirarla desde fuera
mientras mis dulces lugares de infancia
se abren de piernas
al turismo barato y de borrachera.

Porque Barcelona es capaz de amar a cualquiera
menos a los que viven en ella,
es una regla no escrita
que se aprende rápido
cuando paseas por La Rambla.

Mi ciudad herida por banderas y lenguas,
subhúmeda y septentrional,
mi ciudad en la que nunca nieva.

Mi ciudad me ha convertido
en un ser apátrida y desengañado,
demediada y partida en dos,
con dos lenguas y dos corazones,
mi ciudad que se pasa la vida
disfrazándose de otra,
forzando este juego de máscaras,
esta entelequia.

Nadie habla claro en mi ciudad
y yo estoy cansada de este
desdoblamiento.

La vida aquí es una especie
de ficción
con vistas al mar.

Sigo yendo a leer
al Parque de Joan Miró,
al pie del lago.
No llevo sombrero
y no vienen los pájaros a mí,
la incisión negra
es ya muy grande.

Mi ciudad desea
con este gran falo
salud y fuerza a los que llegan,
mi ciudad es una hipócrita
que me lleva mintiendo
toda la vida.

Cada día me pregunto
por qué no me marcho,
por qué no dejo
que los sueños de otros
se queden el mar
y busco un lugar
que no quiera etiquetarme,
y busco un lugar
donde no se me señale
con el dedo.
Ni a mí ni a mis hijas.

Espero, algún día,
encontrar las respuestas.
De momento, solo,
esta vaguedad.
De momento, solo,
los densos bueyes del agua.


sábado, 2 de agosto de 2014

                                    Fotografía de David Yeste

Luz verde tiene
la poesía en mi boca;
dos años estuvo cerrada
amargamente
con luz roja.

Luz verde tienen
Thamar y las vírgenes andaluzas,
los rumores del Romancero,
los ojos negros de mi hija,
la música de fondo,
la pasión de una noche dormida,
la bóveda azul,
la vida bohemia,
los epigramas,
las dimensiones del teatro,
la verdad desagradable
que asoma
para recordarme
que no volveré a ser joven;
que ya soy solo flecha
sobre metáfora viva.

Luz verde tiene
la cacería del poema:

Hay que salir.