NOEMÍ TRUJILLO

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miércoles, 30 de julio de 2014

                                                                                    Fotografía de David Yeste

Entre otras cosas
aquí me tienes,
con tres clavos de alegría.
Entre otras cosas.

Herida,
caída,
pero no quebrada.

Sigo con mis libretas
a mitad de camino,
buscando mares y arroyos
y noches de Capricornio.
No llega nada de lo que quiero.

No hay propósito de enmienda:
yo soy poeta
y lloraré siempre
la muerte
de Gil de Biedma.

Pero entre otras cosas
aquí me tienes:
sola en este monte,
con mis defectos y mis obsesiones,
tiritando bajo el polvo
y sin llegar a sucumbir.

Hay certezas que ya no me angustian
en este sueño
de trece barcos.

Resignada,
paciente,
espero el próximo poema;
siempre rozando la nada,
siempre callando

algo más hondo.

martes, 29 de julio de 2014

                                       Fotografía de David Yeste
                                    
Qué vamos a decirnos.
Nada.
No podemos decirnos nada.

Los dos sabemos que hemos fallado,
los dos tenemos conciencia
de la no sublimidad de nuestro amor.

Qué vamos a decirnos
si las palabras no sirven,
si lo no esperado se impone
y hiere:
así es la vida.

Cada uno de nosotros
entrará en su cuarto de baño
con la heroicidad de los canallas
y el estallido de la tristeza en la boca.

Qué vamos a decirnos
si ninguno de los dos tiene ya fe,
si no hay tiempo en esta noche
para una revolución.

Qué vamos a decirnos.
Nada.
No podemos decirnos nada.
En el cuarto de baño de señoras
siempre hay cola,
siempre hay ruido,
siempre hay secretos tan desvencijados
como una Europa de postguerra.

Qué vamos a decirnos.
Nada.
Nada de nada.

Solo duele la primera puñalada.
Las siguientes
no son peores que nosotros mismos.







lunes, 28 de julio de 2014



                                       Fotografía David Yeste

Hay un largo y solitario túnel
lleno de zarzamoras.

Por sus pasillos me quito el vestido
y camino sola
y desnuda.

Sucia de páginas en blanco
y de la arena de Carboneras,
oigo la voz de Pessoa
susurrarme
que todos los mensajes
se adivinan.
Se adivinan.

La mitad de mi túnel está
llena de lumbre,
la otra mitad llena de frío.
Me gasto en este no dormir.

En mis paseos nocturnos
se baten espadas,
palabras y lirios.
Me ocurre siempre.

Camino como quien soy:
Una poeta sin casa.

A veces miro las puertas
de otras habitaciones,
de otros túneles,
de otras cárceles.
Todo, al final,
es siempre
la misma trampa.

Soledad Montoya
me dice,
como buena madre,
que no las abra:
que el éxito
solo se cifra
en asumir la propia
desnudez.

Soledad Montoya
corre por mi túnel
como una loca.
Algunas noches.

Sería más dulce pasear
a lo largo de un río.

Puede que un día encuentre

un espacio en el que quedarme.

sábado, 19 de julio de 2014

                                           Fotografía David Yeste
        
ODA A UNA LECTORA


Escribo para ELLA.

Ella que ahora camina
por un monte oscuro,
ella que está triste y
está enferma,
ella que llora zumo de limón
en esta espera.

Ella que se hace preguntas
sobre la vida y la muerte,
ella que siempre va
cargada de girasoles.
Ella que es Ludmilla
y es Lotaria[1],
ella que pasea
con libros bajo el brazo.

Escribo para ella,
que se obstina
en ser dulce;
ella que no envejece,
ella que con sus uñas acaricia
el pespunte del papel.

Escribo para ELLA,
ella que necesita sonreír.





[1] Personajes de la novela Si una noche de invierno un viajero, de Ítalo Calvino.

viernes, 18 de julio de 2014


                                                      Fotografía David Yeste
Parece que fue ayer
y han pasado veinte años.

Veinte años atrás
yo era una muchacha
con un chaleco rojo
que escribía
los platos del día
en una pizarra.

Escribía con tiza blanca
«amanida verda» y
«esqueixada de bacallà»
y servía menús
a los feriantes de Plaza España
mientras pensaba
que todos mis caminos
se me escapaban.

El hecho de estar vivo
exige cambios,
y hoy nada tengo que ver
con esa muchacha
que buscaba llanuras
en las ensaladas.

No sé bien de qué hablo,
el paso del tiempo
es un ejercicio complicado.
La mañana me empuja a otro país
donde comen chili con carne
y tarta de manzana.

Y cada día presente
me dice que el pasado
jamás existió,
excepto cuando veo una pizarra
y vuelven a mí
los montes de plomo
que dibujaba

con tiza blanca.