martes, 24 de febrero de 2015



Vi llorar a alguien
a quien quiero,
y no supe
cómo consolarle.

Alrededor de nosotros
siempre
pasan cosas.

Al volver 
un hombre 
cogía cartones de la basura,
su única posesión
era su bicicleta.

El mundo nos empuja.

En mi casa, por la tarde,
perdida en textos
y papeles,
rumores y sombras
me atormentaron
y entonces
también
lloré yo.

Recordé las mil grullas
de origami
de las que me habló
mi amigo,
él lloraba
sobre su huella.

Hoy fue un día
de esos íntimos,
circulares,
que estallan
en un ruido.

Esta noche,
como siempre,
la luna luce tan gentil
en su cielo,
la luna que no sabe

nada de mí.

lunes, 23 de febrero de 2015

Un lugar con nieve (Antología, 2008-2015)



La cama está vacía y deshecha.
Mi vientre desangelado
me espera en cada menstruación,
agazapado y sin pretensiones.

Odio el olor de la sangre,
ella y yo batallamos.

domingo, 22 de febrero de 2015

Un lugar con nieve (Antología, 2008-2015)




Las calles de Barcelona
laten sin tu nombre.
No sé qué decirle a la luna:
«Tápate», quizás.

Vago perdida sin tu mano,
¿cómo definiré ahora mis contornos?

Las palomas huyen del sueño y de la noche.
Yo tampoco consigo dormir.

Te añoro en la luna
en la noche
en las calles
en las farolas
en las palomas
en los perros.


jueves, 5 de febrero de 2015

Pequeñeces



Tirando a 800 metros
y con viento racheado,
siempre hay un blanco,
un francotirador,
alguien que dispara.

Siempre hay un poeta
que cae,
una catástrofe monumental
o minúscula.

Siempre hay una meta,
una cima, un objetivo,
una montaña,
alguien que almuerza
o cierra la ventana.

Siempre hay gente que pasea,
prostitución
(¡¡Dios mío!!,
¿por qué no hemos acabado
con la prostitución?)

Siempre hay oscuridad,
mucha negrura,
una confusión tan grande
que caben en ella
todas nuestras
pequeñeces.



miércoles, 4 de febrero de 2015

Nieve



Nieve recién caída,
solitaria,
desierta,
inhabitada,
nieve.

Nieve dubitativa,
no temas,
ya estás a salvo:
te he guardado espacio
en un poema.


martes, 3 de febrero de 2015



Buenas noches, tristeza,
espero que no te ofenda
pero no quiero volver a verte.

Hay cosas que no me dejan dormir
y que por la noche me inquietan:
historias de pescadores, playas,
las rayas del amanecer,
malos sueños, pesadillas,
mundos en explosión, guerras,
¡me preocupa tanto el futuro!

Buenas noches, tristeza,
ya no hay asombro
en mi mirada
cuando veo
tus ojos negros.

No soy una mujer
perdida en las colinas,
a todo aquel que me hizo daño
ya le olvidé;
y no pienso en vender mi alma
al diablo por un poco de éxito,
porque sé que el diablo no escucha
y deforma,
inevitablemente,
nuestros sueños.

Buenas noches, tristeza,
no apagues la luz,
que yo todavía estoy aquí,
proscrita
y al pie
de los alacranes.




Buenos días,
mi pequeña ciudad,
aún seguimos
mirándonos
a los ojos.

¿Qué ruido es ese?

Nada,
solo febrero
cargado de frío,
tos y viento.

Buenos días,
mi ciudad de mar,
pronto nos
separaremos.

Ya no podrás verme
aquí sentada,
con estas ansias
de escapar.

Hay otra ciudad
que me espera
y me tiende su mano,
las dos sabemos
que nos echaremos
mucho de menos.

Somos iguales:
rubias, desheredadas,
esposas fieles
de esa ventana
que mira

al vacío.