viernes, 24 de abril de 2015



         Los alquimistas
deben transmutar su propia alma
antes de poder
transmutar los metales.
Explícame cómo
se suplen las carencias,

tú, que ya eres oro.

miércoles, 22 de abril de 2015

#23 abril


Regalar un libro

Regalar un libro
no cura enfermedades,
no arregla
las discusiones de amor,
no te ayuda
a encontrar trabajo,
no es ninguna panacea
frente
a todos los problemas
que nos crecen
en la vida
como champiñones.
Pero regalar un libro
el día 23 de abril,
el día de Sant Jordi,
es un conjuro mágico,
un hechizo;
es decirle a alguien:
«te quiero»,
«te necesito»,
«formas parte
de mi vida».
Es un verdadero
acto
de fe en el otro,
un viaje a pie
hacia la sencillez
de todo
lo hermoso
de la vida.
Es creer en
el pasado,
en el presente,
en el futuro,
en los sueños,
en la imaginación,
en la civilización.
Mientras regalemos libros
sobreviviremos.



martes, 21 de abril de 2015

jueves, 5 de marzo de 2015



Vine hasta aquí
para quedarme,
aunque haya gente
que no me quiera.
Para envejecer con gracia,
para plegarme a un ritmo
más insistente
que la duda,
vencer antiguas
tentaciones.
Vine hasta aquí.
Procuro hacerle caso
a mi instinto,
seguir siendo curiosa,
y releer las rimas de Bécquer
de vez en cuando.
«Olas gigantes que os rompéis bramando
en las playas desiertas y remotas»[1],
mi querido Gustavo
que
cuando llegó a Madrid
solo había publicado
un soneto.
Yo ya no tengo dieciocho años
ni persigo la gloria literaria
(¿o sí?)
vi fracasar muchos proyectos
y solo vine hasta aquí
para quedarme,
ser diáfana,
ligera,
impalpable.






[1] Versos de Gustavo Adolfo Bécquer.

martes, 24 de febrero de 2015



Vi llorar a alguien
a quien quiero,
y no supe
cómo consolarle.

Alrededor de nosotros
siempre
pasan cosas.

Al volver 
un hombre 
cogía cartones de la basura,
su única posesión
era su bicicleta.

El mundo nos empuja.

En mi casa, por la tarde,
perdida en textos
y papeles,
rumores y sombras
me atormentaron
y entonces
también
lloré yo.

Recordé las mil grullas
de origami
de las que me habló
mi amigo,
él lloraba
sobre su huella.

Hoy fue un día
de esos íntimos,
circulares,
que estallan
en un ruido.

Esta noche,
como siempre,
la luna luce tan gentil
en su cielo,
la luna que no sabe

nada de mí.